Durante mucho tiempo
el odio me motivó a escribir. Durante mucho tiempo no hice más que esconderme.
Ahora me doy cuenta, aunque a decir verdad, ahora lo acepto. No sé si es
demasiado tarde o estoy a tiempo. Yo no sé si debo pensar en esto. Las dudas
son lo único que me invaden al recordar el pasado. Aun así, hay cosas que
quiero recuperar. La escuela y los amigos son un claro ejemplo. Ahora nadie
tiene tiempo y todo mundo tiene cosas que hacer, eso me caga. ¿Dónde quedaron
mis ganas de cambiar el mundo? ¿Dónde quedo mi iniciativa, mi imaginación, mi
motivación, mi creatividad? Solo me siento preso del tiempo y la rutina e
incapaz de hacer algo por salirme de ella. ¿O esto es madurar?
Pronto cumpliré un
año más y siento que no estoy haciendo nada de mi vida. Sí, tengo trabajo, un
hogar, amigos, familia, pero algo me falta. Desde que terminé con Cecilia las
ilusiones desaparecieron. La verdad es que no me he podido reponer. Una parte
de mi se quedó con ella o desapareció y no he vuelto a ser el mismo. No me
involucro sentimentalmente desde entonces. Me da miedo, si. No sé si esto suena
ridículo o no, pero es la verdad. Eso sí, me da pena decirlo. Seguramente al
principio de mi ruptura con Cecilia eso era muy evidente. Con el tiempo mi
barrera se fue desarrollando de tal manera que nadie se da cuenta ahora. Al menos
eso creo. A veces uno cree cosas que no son.
Me sé su número
telefónico de memoria y aunque ya no le he marcado, a veces lo pienso. Es que
no puedo olvidarla. Es que no puedo hacer como si no pasó nada. Es que me
cuesta trabajo. Es que… me siento… seco. Es que no sé cómo decirlo. Me siento
sin sentimientos. Como si las risas y las lágrimas se atoraron en una parte de
mi cuerpo y no puedo sacarlas. Tal vez necesito tener de frente a Cecilia. Tal
vez necesito verla con otro. Saber que es feliz. Y aceptarlo. ¡Maldita sea!
Durante mucho tiempo
el odio me motivó a escribir. Luego llegó Cecilia a mi vida y ya no tuve tiempo
para nada.
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