Un sillón. Una ventana. Seis
cuarenta y dos de la tarde. Una cortina. Un sol que aun no cae. Viento. Un
arbusto. La nostalgia. Un día que puede ser cualquier día. Primavera. Una
televisión. Una cruz de palma. Una palma. Primavera que parece verano. Otra cortina.
Cojines en los sillones. Una canción. Otra estación. Un mensaje. Otro paisaje.
Una retórica. La constructora que viene y va. Que no está. La misma canción. El
mismo sonido. Un color. Una aplicación. Rimas disonantes. Rimas consonantes.
Recuerdos de un pasado. La calle Zaragoza. El lago. Las cascaras de fut. Las
retas. Regresar cansado. Hacer tarea. Disfrutar la tarde. Poner un disco. Ir a
la biblioteca. Recuerdos de otro planeta. Otra latitud. Otros puntos
cardinales. Frijoles en los costales. Y esta maquina de escribir que se traba.
Que no escribe dos veces, que rebobina. Una bocina con potencia. ¿Otra vez
Andrés?
Una pared. El sol. Una década
del siglo pasado. Recuerdos. Esas ganas de volver, de no crecer. Juegos de
niños. Tiempo perdido.
De vuelta a ese tiempo. A ese
verano. A esas fechas. A ese calor. A esas retas. A esa ocasión especial. A
esos recuerdos. A ese pueblo. Mirar mi evolución. Sentir la emoción. El aire.
El horizonte. El futuro. Las posibilidades. Las realidades. El poder. La ética.
Pensar. Amar. Ir al parque. Disfrutar la tarde. Decir cosas sin sentido que en el fondo todo se entiende. Disfrutar el calor. Sentir el témpano. Revolver las
emociones. Vivir. Renacer. Las memorias que hemos creado. El soporte. Tu
mirada. Tu dedicación. Tu emoción. No es 14 de febrero. No es una fecha
especial. Todas las fechas son especiales. Tú. Como una canción. Como un
colibrí, como esa emoción que no se puede escribir, no se puede ver, no se
puede cantar, no se puede tocar, solo sentir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario