jueves, 10 de abril de 2025

Un sillón. Una ventana. Seis cuarenta y dos de la tarde. Una cortina. Un sol que aun no cae. Viento. Un arbusto. La nostalgia. Un día que puede ser cualquier día. Primavera. Una televisión. Una cruz de palma. Una palma. Primavera que parece verano. Otra cortina. Cojines en los sillones. Una canción. Otra estación. Un mensaje. Otro paisaje. Una retórica. La constructora que viene y va. Que no está. La misma canción. El mismo sonido. Un color. Una aplicación. Rimas disonantes. Rimas consonantes. Recuerdos de un pasado. La calle Zaragoza. El lago. Las cascaras de fut. Las retas. Regresar cansado. Hacer tarea. Disfrutar la tarde. Poner un disco. Ir a la biblioteca. Recuerdos de otro planeta. Otra latitud. Otros puntos cardinales. Frijoles en los costales. Y esta maquina de escribir que se traba. Que no escribe dos veces, que rebobina. Una bocina con potencia. ¿Otra vez Andrés?

Una pared. El sol. Una década del siglo pasado. Recuerdos. Esas ganas de volver, de no crecer. Juegos de niños. Tiempo perdido.

De vuelta a ese tiempo. A ese verano. A esas fechas. A ese calor. A esas retas. A esa ocasión especial. A esos recuerdos. A ese pueblo. Mirar mi evolución. Sentir la emoción. El aire. El horizonte. El futuro. Las posibilidades. Las realidades. El poder. La ética. Pensar. Amar. Ir al parque. Disfrutar la tarde. Decir cosas sin sentido que en el fondo todo se entiende. Disfrutar el calor. Sentir el témpano. Revolver las emociones. Vivir. Renacer. Las memorias que hemos creado. El soporte. Tu mirada. Tu dedicación. Tu emoción. No es 14 de febrero. No es una fecha especial. Todas las fechas son especiales. Tú. Como una canción. Como un colibrí, como esa emoción que no se puede escribir, no se puede ver, no se puede cantar, no se puede tocar, solo sentir.

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